Hola a todos, después de varios días de desconexión os pongo un poquito al día.
Estuvimos durante dos días alojados en Naval, aprovechando para hacer menos kms durante el miércoles, descansar y conocer la zona, sobretodo el manantial de agua salina y las salinas.
Nada más levantarnos, los amigos de Aquino nos reciben con desayuno montañés....huevos, bacon, chistorra, tomate, aceite y pan....algo a lo que no estamos acostumbrados, pero que nada más verlo y olerlo te abría el estomago. A eso juntarle que un matrimonio que tiene una fábrica de turrones, trae dos tabletas de dos tipos distintos y nos invitan para desgustarlos.
Después de semejante homenaje una pequeña ruta en moto. Si durante el día anterior nos tocó recorrer el Valle de Aran, esta vez nos íbamos a adentrar en el Valle de Benasque. Durante el recorrido atravesamos un congosto en plena N-260. La carretera se estrecha pasando entre montañas, dejando el espacio justo para circular con mucho cuidado, curvas con poco visibilidad, y todo siempre bordeando el paso de un rio. Al fondo se puede ver continuamente las montañas que rodean del valle y el gran pico Aneto.
Llegamos a la localidad de Benasque, menos famosa que Baqueira, pero igual de volcada con la afición al esquí de las clases más privilegiadas. Casas alucinantes, hoteles de lujo, todo cuidado y al detalle. Desde allí hacemos la subida hasta la estación de esquí de Cerler, puerto de montaña con vistas casi de pájaro de la localidad de Benasque, aprovechando para parar, hacer unas fotos y disfrutar de las vistas.
Desde allí la idea era volver sobre nuestros pasos, y coger un desvío en la localidad de Chía, tomando un camino forestal de unos 25 kms hasta Plan. El trayecto prometía, pero al ser una pista y recorrer alguno kilómetros vemos que se va a hacer duro para todos, sobretodo para Antonio y Bea, que con la R iban a sufrirlo un poco más. Decidimos darnos la vuelta y tomar algo tranquilamente en Chia, que además esta en fiestas y hay muchísimo ambiente para ser un pueblo muy pequeño.
De regreso a Naval, donde nuevamente nos reciben con menú tradicional. Chuletones inmensos, ensaladas con tomates y cebollas de huertos de la zona y vino tinto hecho con mucho cariño. Al acabar solo queríamos echarnos una siesta.....y bien merecida que la teníamos.
Después del descanso y la digestión, un paseito de unos dos kms a las Salinas. Piscinas de agua salada emergente un manantial, algo casi único. Se hace muy extraño ver una producción de sal en plena sierra.
Para el verano tienen montando un complejo, con varias piscinas de distintos tamaños y profundidad, con césped artificial, tumbonas y un bar. Todo aparentemente parece un sitio más para refrescarte, pero de normal no tiene nada. La concentración de sal del agua de las piscinas es superior a la del Mar Muerto, y nada más entrar en el agua la flotabilidad es increíble. Sin mover ningún músculo del cuerpo, flotas sobre la superficie como si fueras un corcho. No solamente es divertido, si no que además las propiedades médicas y terapéuticas de este tipo de baños están demostradas. Aconsejan que los baños no sean superiores a veinte minutos, ya que baja mucho la tensión.
Trás reinos un rato haciendo el payaso dentro de la piscina, con Eloy al frente de nuevo, jajajaja, nos explican como se produce la sal y nos llevan hacía el pueblo entre la huertas, cayendo una sandía fresca para tomar de postre en la cena.
Hacemos una pequeña parada en el bar La Fabrica, de los mismos dueños del fabrica de turrones, tomando una cerveza en la terraza con vistas a la sierra y a las salinas, y dando casi el colofón a un día muy completo.
El siguiente día se presentaba como la etapa estrella del viaje para las motos. Adentrarnos en el Parque Nacional del Pirineo Francés y subir los míticos puertos del Tour de Francia.
Por la mañana hay varios que se encuentran un poco cansados para tal paliza en moto, y decidimos dividirnos en dos grupos, uno que hará la ruta planificada y otro que hará una ruta más cómoda, con algo de turismo.
Los que decidimos hacer la etapa larga al final de ella la definimos como una de las mejores rutas en moto de nuestra vida. Diego como la mejor que ha hecho nunca.
Y es que desde que cruzamos el túnel de Bielsa y nos adentramos en Francia todo son emociones.
Hacemos una pequeña parada en la localidad de Arreau, hermanada con la de Ainsa en España, y esta última visitada por el grupo de Rafa, Ainhoa, Eloy, Manoli, Antonio y Bea, en su ruta corta. Ambas con centro históricos medievales. Pequeñas pero con mucho encanto y muy bien conservados sus monumentos.
Nuestro primer objetivo el Col de Aspin. Puerto de 12 km, con carretera estrecha, llena de ciclistas, y de nuestras queridas vacas, que campan a sus anchas tanto por el campo como por la carretera, por lo subimos con cuidado, tanto por los de dos ruedas sin motor como por las simpáticas terneras. Aprovechamos para ir observando el paisaje.
Una vez en la cima correspondiente foto de rigor y encarar el siguiente puerto y joya de la corona del viaje. El col del Tourmalet.
En la bajada aprovechamos y hacemos un pequeño desvío al Lago de Payolle, en mitad del Parque Nacional, y lugar de tranquilidad y descanso. Unas pocas viviendas y muchas autocaravanas disfrutando de la naturaleza y del silencio.
Comenzamos la ascensión al Tourmalet. La carretera es muy buena, buen asfalto, curvas tranquilas y con visibilidad y mucha vegetación. Hasta que comenzamos a llegar a los 2000 metros. La carretera se estrecha, los picos de montaña parecen que se te van a caer encima de lo inclinados que están y las curvas y el asfalto se hacen más exigentes para conducir. Pero la emoción es tal, de estar un sitio mítico, sobretodo para el ciclismo, que da igual todo, y disfrutamos una barbaridad hasta la cima.
Objetivo conseguido, ya hemos estado en la cima del Tourmalet!! Fotos una detrás de otra. Yo compro mi pegatina correspondiente y ya esta en el cofre de mi moto.
Y como el mundo es un pañuelo, en la misma cima, y llegando por el otro lado al mismo tiempo, Ismael, marido de la prima de Yvonne, en su BMW RT nuevecita. Nos damos un abrazo y decide quedarse con nosotros para comer y hacer el descenso.
Tras comer en la estación de esquí, el cielo empieza a cerrarse, las nubes se meten entre nosotros literalmente. Truenos......y.......agua!!!!
Tormentazo que nos hace retrasar el descenso. Trajes de agua y mucha paciencia, porque la bajada se hace peligrosa. No se ve nada en apenas dos metros de distancia. Yo bajo el puerto prácticamente en primera velocidad.
La lluvia ya no nos iba a abandonar en todo lo que quedaba de jornada. Buscamos el camino de vuelta a España. hacia el puerto de Portalet.
Al llegar a la localidad de Luz Saint Sauveur...confunsión....y cogemos en el cruce la carretera en sentido contrario. Tras más de veinte kms me doy cuenta de que no vamos bien....forma parte de la aventura. Nos intentamos situar mapa en mano, el gps tampoco nos aclara, y por orientación, decidimos dar la vuelta y resituarnos. En todo este lío, Ismael se pierde de nosotros y unos kilometros más adelante en una parada volvemos a encontrarnos.
Por fin en el camino correcto, y con la carreteras que debíamos tomar bien aprendidas, a encarar los dos últimos puertos del día antes de la frontera con España. Impresionante la subida al Col de Aubisque, otro mítico del Tour de Francia. La pena es que la nubes no nos dejan disfrutar de las vistas.
Ya estamos camino de Formigal. En esta zona fronteriza las montañas son espectaculares por la vegetación que las recubre, de color amarillento que parece que estén aterciopeladas. Nos empezamos a rodear de otros grupos de motos, ya que este viernes comienza la concentración de BMW de Formigal, y el ambiente es espectacular.
Una vez en Biescas, desvió hacia el pueblecito donde tenemos el hotel. Ya nos ha caído la noche encima, la carretera está mojada, hay tormenta eléctrica y todo son curvas. Pero este día era aventura pura, y tenemos la adrenalina por las nubes, y disfrutamos los últimos kms del día a tope!
Un ovación para nuestras acompañantes, porque aunque disfrutaron muchísimo, también supieron sufrir como unas campeonas sentadas atrás en las motos, sobretodo el frío y la lluvia.
Llegamos al pueblo y vemos a nuestros seis amigos en la puerta del hotel. Yo con una sonrisa en la cara y ellos un poco preocupados. Era tarde, estaba lloviendo y no sabían nada de nosotros. Se alegran mucho al vernos y ver que todo había ido bien. Solo la familia y los grandes amigos se preocupan así por alguien.
Día impresionante para los dos grupos. La jornada de ellos más tranquila, pero con mucho encanto, así que le pediré a alguno que me haga una crónica de ese día para que quedé constancia y recomendaciones de todo lo visto.
Merecido descanso, para coger energías que al día siguiente comienza el regreso. Con parada previa en la concentración BMW.
De los detalles de la vuelta, que son menos os los contaré próximamente.Besos y abrazos para todos!!
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